El registro dos veces al día con el tutor, una cuando entran a la escuela y otra después de la comida, y el que se lleva a cabo en cada clase con los diferentes profesores me recuerda el concepto de resistencias corporales y como desde nuestra infancia todos tratan de moldearnos.
Si, señorita!, yes miss! o madam contestan los niños en función del idioma de la clase.
Si, señorita!, yes miss! o madam contestan los niños en función del idioma de la clase.
Nos tratan como si fuésemos plantas o árboles en un jardín donde todo
tuviese que estar ordenado, en silencio, artificial. Para este tipo de organizaciones sociales, supongo que, es necesario que todo tenga un orden y cuanto mayor sea éste, mejor para todos. Hasta aquí todo me parece correcto, y en una escuela con más de 300 alumnos andar por el lado izquierdo de los pasillos (al estilo inglés), facilitando la circulación me parece bien.
Es
cierto que los jardines tienen una belleza especial, o como los bonsáis, son
joyas milenarias. Pensándolo bien ¿No sería una crueldad que se pudiera parar
el crecimiento natural de los niños por conservar la belleza infantil?
Al
igual que en los jardines es necesario una persona que cuida y poda esas
ramitas que crecen, de forma natural, fuera de los límites establecidos, el
sistema educativo que conozco y que se repite una y otra vez, necesita a los
maestros que se encargan de parar las reacciones naturales de los alumnos,
exactamente igual que en la llamada escuela tradicional.
¿No es
bello caminar por los campos donde las diferentes especies crecen encontrando
su propio lugar? Recuerdo que cuando era pequeña solo quería jugar con mis amigos,
experimentar y corretear por el campo. En mi familia recordamos cuando hicimos
una especie de asamblea donde se expuso la siguiente situación. Teníamos que
elegir entre quedarnos en Madrid y dar catequesis, obligatoria y únicamente
posible de realizar en fin de semana para celebrar la comunión, o ir al pueblo
y disfrutar de los días en el campo. La votación fue unánime, nos fuimos al
pueblo.
A veces
me cuesta reconocerme a mi misma y como mi comportamiento académico ha cambiado
en comparación a cuando estaba en el colegio. Ahora realmente me interesa lo
que estudio en la universidad conceptos e ideas nuevas que me hacen seguir
hacia delante.
A
partir de 5º de la EGB, que entonces dábamos, dejó de interesarme las clases,
los profesores ya tenían claro donde situarnos a cada uno. Yo era un poco
“charlatana”, así le decían a mi madre como era. La realidad era que hablaba
por los codos, siempre tenía algo que decir.
Me
alegré cuando Soledad llegó nueva a la escuela, entonces nos sentábamos atrás y
cantábamos canciones. Me enseñaba solfeo, ritmos, tempos y como yo nunca había
tenido esa oportunidad se convirtió en uno de mis mejores momentos, junto a los
que pasé cuando estaba en el comedor y teníamos todo el tiempo para nosotros
hasta que comenzaban las clases de la tarde.
Buscábamos
lombrices, escalábamos, explorábamos, eran momentos realmente únicos.
Una de
mis ilusiones era estar todo el día con mis compañeros y amigos, hecho que
repercutió en que mi madre jamás mencionara llevarme a un internado, muy típico
de aquellos tiempos.
Todo
esto me ocurría y creo que es lo que les ocurre a la mayoría de los alumnos hoy
en día porque las asignaturas y los temas se repetían una y otra vez llegando a
ser tremendamente aburrido. ¿Qué ocurriría si dejásemos que ellos eligiesen sus
actividades?
Analizándolo, cierta resistencia hacia el trabajo escolar y al constante moldeamiento no debemos considerarlo mala,
quizás sean las personas más capacitadas para producir los cambios en las
sociedad.
Cuando veo las caras de los alumnos en los periodos de las detenciones veo esas caras tristes, al fin y al cabo no siempre se comportan tan mal, aunque muchas veces se trate de una elección entre el respeto general, el profesor o el alumno. ¿ Conseguirán moldearlos? ¿Qué lleguen a interiorizar todas estas normas?
O simplemente, aprenderán el juego de la hipocresía que existe en esta sociedad.
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